Cenas Mary
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recedentes. Sin embargo, la arrogancia del progreso olvid贸 las profec铆as ancestrales. Como un eco de mitos olvidados, el fin del mundo , el cataclismo, el Ragnarok lleg贸, no como una batalla divina, sino como un cataclismo de energ铆a pura que inciner贸 la civilizaci贸n bajo la mano de nuevas o antiguas deidades. La Tierra, desolada y silenciosa, guard贸 el sue帽o criog茅nico de unos pocos danzaron en el vac铆o, la vida resurgi贸 exuberante y salvaje. Cuando los durmientes despertaron, el mundo era un lienzo verde pintado con las fauces de la leyenda. Leones colosales, basiliscos petrificantes y plantas carn铆voras acechaban en la floresta, reclamando el planeta como su dominio. Un grupo de doce pioneros, los 煤ltimos vestigios de la antigua humanidad, establecieron una colonia precaria. Lo que descubrir铆an cambiar铆a el destino de la raza humana para siempre, sus descendientes nac铆an imbuidos con dones asombrosos. Manipulaban los elementos, desataban fuerzas tit谩nicas y tej铆an la magia con la misma facilidad con la que por el legado de conocimiento de sus ancestros y potenciados por sus nuevos poderes, los humanos extraordinarios forjaron una civilizaci贸n a partir de las cenizas. Fundaron Aethelgard, el Reino del 脡ter, una metr贸polis brillante que desafiaba el salvajismo circundante. Lysandra, la primera en manifestar el don de la manipulaci贸n del viento, fue aclamada como su fundadora y primera reina. Bajo su liderazgo, Aethelgard floreci贸, convirti茅ndose en un basti贸n de conocimiento y a帽os despu茅s,. La humanidad se expand铆a con audacia, pero el gremio de aventureros y exploradores se top贸 con una amenaza inaudita. Criaturas de pesadilla, anta帽o relegadas a cuentos del viejo mundo, emerg铆an de la nada dragones nac铆an de huevos fosilizados, no muertos y vampiros se alzaban de la tierra, demonios terribles y todo un bestiario de horrores inimaginables caminaban sobre la faz de la tierra. Estas bestias, a diferencia de las criaturas salvajes que conoc铆an, pose铆an una inteligencia sin parag贸n.
Lo que los humanos ignoraban era la fuente de esta invasi贸n. Las almas perdidas en el cataclismo se hab铆an reencarnado en estas bestias extraordinarias, conservando sus recuerdos de aquella 茅poca tecnol贸gica, pero desconocen el alcance de sus nuevos poderes, y m谩s importante a煤n, ignoraban su conexi贸n con la humanidad.
La era de Aethelgard, la era del dominio humano, estaba llegando a su fin. Una nueva era se cern铆a sobre el horizonte, una era de sangre, magia y redenci贸n. La Era de las Bestias hab铆a comenzado.